La muerte materna es definida como el fallecimiento de una mujer durante el periodo de embarazo o dentro de los 42 días siguientes a la terminación del embarazo, debida a cualquier causa relacionada con o agravada por el embarazo mismo o su atención, pero no por causas accidentales o incidentales (OPS – OMS, 1992).
La meta 3.1 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible se propone reducir la razón de mortalidad materna mundial a menos de 70 por 100.000 nacidos vivos. Si bien, para el 2019 (preliminar) la razón de mortalidad materna (RMM) en Colombia se encuentra por encima de ese umbral, con 76,4 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, encontramos que en municipios con una gran participación de población negra como Quibdó y Buenaventura esta cifra fue del 225,6 y 219,4 respectivamente. En contraste, ciudades andinas como Bogotá y Medellín, registran este indicador por debajo del promedio (34,1 y 47,9 respectivamente). Igualmente, en municipios con alta concentración de población afrodescendiente y afectados por el conflicto armado, como María La Baja y Turbo, la razón de mortalidad materna registrada para 2019 (p) fue de 123,8 y 104,2 respectivamente, todo ello pese al gran trabajo que realizan las parteras, herederas del conocimiento ancestral para acompañar la gestación y el nacimiento.
Si tenemos presente que la mortalidad materna es un indicador clave de desarrollo que refleja el valor relativo que cada sociedad les otorga a las mujeres (Menéndez y Lucas, s.f) entonces nos preguntamos ¿valora realmente el Estado Colombiano la vida de las mujeres negras? Los datos ya nos dieron una respuesta.
Fuente: DANE, Estadísticas vitales 2019 (datos preliminares)

