De acuerdo con la Encuesta de Calidad de Vida (2018), el 69,4% de las personas afrodescendientes se encuentran afiliadas al régimen subsidiado, versus un 30,3% en el régimen contributivo. Esto difiere ampliamente de los resultados mostrados en poblaciones sin ninguna etnicidad, donde solo el 47,7% pertenece al régimen subsidiado. Los resultados desagregados por sexo muestran unas brechas mayores tanto dentro de un mismo grupo étnico como por sexo. Por ejemplo, del total de personas afrocolombianas afiliadas en el régimen subsidiado, el 52% son mujeres versus un 48% hombres.
Al analizar entre grupos étnicos y sexo, se observa que mientras la mayoría de mujeres afrodescendientes (70%) pertenecen al régimen subsidiado, para las mujeres sin etnicidad el porcentaje es de 47,9%. Al tener presente que en el régimen contributivo solo se afilian las personas que tienen una vinculación laboral o que cuentan con capacidad de pago, como los trabajadores formales e independientes, los pensionados y sus familias, se corrobora que la alta participación de la población negra en el régimen subsidiado, principalmente de las mujeres, obedece a una precariedad de sus condiciones laborales, como es la concentración en actividades informales, de cuenta propia o baja remuneración. Todo ello, conlleva a mayores círculos de pobreza, donde a largo plazo se reflejan en menores posibilidades de alcanzar una pensión digna y mejor calidad de vida en la vejez.

